Hubo una vez un blog...
Bueno, en conmemoración de mi veinticacho aniversario, déjenme platicar que el día inició de manera maravillosa al lado de una persona igual o más maravillosa de lo que las palabras alcanzan a describir... Este mes ha sido uno de los mejores del año. En la siguiente entrada comento más detalles acerca de mi reciente viaje a Zapotlanejo, Jalisco, en donde en vivo y a todo color (y por primera vez en México) miles de almas exitadas saltabamos, coreabamos y gritabamos con las canciones de Björk en el festival Sonofilia 2007. De las penurias que hubieron de suceder ni quiero platicar, solo comentar que se esfuman frente a la fuerte y perene presencia de esta verdadera artista islandesa. De la misma forma, cualquier influencia negativa remanente en mi, cual terco virus de estación, se vuelve nada al volver una y otra vez a los brazos de quien se ama -ella ya sabe que es ella-.
¿Trabajo? no acaba y promete ponerse feroz en los próximos días. No importa ya de donde vengan los cocolazos, lo vivido bien compensa muchos malos días por venir.
La ciudad sigue como la dejé: agitada, sedienta de sudor, sangre y lágrimas, inconsiente de un cruel destino que nadie conoce con certeza, pero que muchos alertan no será grato para aquellos que, a su tiempo, queden varados en ella. No es sentimentalismo decir que lloré cuando regresé, es que en verdad la visibilidad es mucho mejor y mis "finos" ojos se mal acostumbraron pronto al ambiente foráneo, allá por el rancho de Guadalajara. Digo, la nata de smog es algo similar, pero las condiciones geográficas favorecen por mucho a la perla tapatía.
"Es época de dar", dicen los malditos mercaderes que tratan de confundir al público telemosqueado, tratando la convivencia familiar, esencia de la época, con altas concentraciones de consumismo frívolo. El bombardeo publicitario en medios diversos intenta alojar la parasita idea que el comprar algo de tal o cual marca o tienda supone la felicidad automática del receptor así como del emisor del regalo.
Y el efecto se nota ipsofacto: ya no somos capaces de disfrutar una velada navideña de oficina sin el "intercambio de regalos" que la genera. No tenemos tranquilidad en nuestras almas si no compramos la megapista para los carritos o el mustang de la muñeca que el (la) hij@ vieron por tele entre la ráfaga de anuncios que, incrustados inevitablemente entre los cortes de sus caricaturas, les impulsó a amenazar con dejar de querernos si no se los compramos. O bien, no vayamos tan lejos, nuestra codiciosa mente, que ya comienza a pensar en la forma de obtener el juguetito para adulto de moda, con el cual pretendemos llenar un abismo espiritual que, como muchos de los actuales gobernantes, no sabemos con precisión como llegó, no sabemos cuanto nos costará antes de que se vaya, pero el hacer algo efectivo para evitar que nos joda nunca pasará.
Pero bueno, por lo mientras ya quiero un reproductor de audio que ripée directamente al mp3-player, ya quiero que mi amor huela al perfume de la vieja esa hija de Hilton, que mis sobrinos jueguen con los juguetes inspirados en una pelicula que trata sobre... juguetes (negocio redondo), y me seguiré frustrando con todo lo que puedo ver pero no puedo tener -y que tampoco se para que me pueda servir- anunciado megalíticamente a diferentes alturas del anillo periférico.
Etiquetas: Björk, consumismo, Guadalajara, navidad
Cd. de México: La ciudad Saturno
