Cambio de aire
Despues de una larga espera para llegar a una conclusión en mis analisis de conciencia (y vaya que fue larga, pues primero tuve que tener certeza de que la tenía por algun lado, después encontrarla y, ya al final, comenzar el análisis) y de ver que mis capacidades económicas por fin despegaban del cero absoluto o de los números rojos, finalmente vislumbro la oportunidad de emigrar, realmente en forma independiente, de la casa que me vio crecer y del auspicio de cualquiera de mis padres (actulmente solo del de mi madre).
El encontrar a donde no ha sido fácil, pues aunque mi corazón me hace ver hacia el sur, mi bolsillo me hace ir no tan al sur, mas bien me ancla a las zonas populares. Esto no sería problema de no ser que requiero un lugar que me enfrente menos al caos cotidiano,el cual ahora siento que ya corre por mis venas, junto con el plomo y cloro que me son dosificados diariamente a través de la red de agua 'potable' (entiendase por este adjetivo que es bebible y no por ello del todo saludable), y del cual necesito desintoxicarme.
Podría intentar fuera de esta ciudad, algun lugar provincial en el cual sea la gente cálida y la comida menos sospechosa. Donde los niños juegan sin restricciones en las calles y la gente saluda de buena manera a los agentes policiacos. Podría así realizar una de las presuntas fantasías chilangas, en la cual todos sean amables conmigo y yo les mire con cara de ingenuos pichones. Pero hay una variable no contemplada en esa solución perfecta: la adicción por la metrópoli es ineludible. ¿Y donde más podré ver a yuppies lamentándose masivamente por las calles debido a que los ineptos gobernantes no les proveen una patrulla a cada casa con más de 5 habitaciones, 1 y 1/2 baños y espacio para dos camionetas familiares? ¿donde más veré esos rios salvajes, compuestos por una gris clase trabajadora que diariamente inunda el metro, las calzadas que dan acceso desde el EdoMex y demás transportes (chatarras suena más apropiado) públicos, concentrandose en el oriente y norte de la ciudad; rios de una humanidad que desborda los vagones, que confía en la destreza de un chofer indómito e inmune a la ley; humanidad que en la mañana tiene rostro de fastidio y en el ocaso de cansancio? ¿y donde más tendré una noche que dure mientras mis parpados aguanten abiertos, mis pies no desistan de ir por la siguiente pieza de baile, mi estomago aún retenga la última copa servida y la hora de ir a trabajar no haya pasado un par de horas atrás?
Impensable sería dejar a mi mentora, la más cruel de todas quizás, pero también la que más me muestra las delicias de una ciudad en crisis, descubriendo ante mis ojos una opulencia indecente que deslumbra y que distrae la vista del hacinamiento urbano soportado en la cotidianeidad por los miles que ignoran el concepto de vida digna y que, por tanto, nunca reclamarán.
Por ahora soy adicto a su frivolidad, a las escenas dantescas que diariamente esperan sorprenderme a la vuelta de cualquier esquina, a las pulgadas cuadradas de piel no arropada de alguna chica de buen ver, a la mirada que invita a disfrutar, durante un breve tiempo y a un asequible precio, de un cuerpo calido que despierta a la carnalidad; a la auténtica inocencia en la mirada de un infante que lejano está de ser conciente que, en cualquier descuido, su entorno lo devorará, lo extraviará, lo seducirá o bien le concederá esa oportunidad, única entre millones, de mirar el ambiente en el cual crece desde un punto de vista crítico y, solo entonces, de poder decidir con libertad que será del resto de su vida.
En esta ciudad quiero vivir todavía un tiempo más (aún con en riesgo implícito de tal vez no sobrevivir a ella).

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home